LA TASSA DE TÉ

taza_te1Començo el 2013, tot i que ja porta uns quants dies en dansa, amb un conte zen que em van explicar fa unes setmanes en una de les sessions del màster de PNL a l’Institut Gestalt. El trobo molt adient per a que ens preguntem com ens situem davant els nous aprenentatges o els nous reptes que el dia a dia ens proposa.

A veure què us sembla.

Es conocida la historia de Nan-in, un Maestro japonés que vivió en la era Meiji,
lo que le sucedió con un profesor universitario que fue a visitarlo intrigado por
la afluencia de jóvenes que acudían al jardín del Maestro.

Nan-in era admirado por su sabiduría, por su prudencia y por la sencillez
de su vida, a pesar de haber sido en su juventud un personaje que había
brillado en la Corte. Aceptaba en silencio que algunos se sentaran con él
al caer de la tarde, pero no debían importunarlo después de la meditación.
Entonces, parecía algo serio y hasta hosco, pero no era más que la necesaria
readaptación mientras trabajaba en su jardín, pelaba patatas o remendaba la
ropa.

El prestigioso profesor se hizo anunciar con antelación haciendo saber que
no disponía de mucho tiempo, pues tenía que regresar a sus tareas en la
universidad.

Cuando llegó, saludó al Maestro y, sin más preámbulos, le preguntó por el
Zen. Nan-in le ofreció el té y se lo sirvió con toda la calma del mundo. Y
aunque la taza del visitante ya estaba llena, el Maestro siguió vertiéndolo. El
profesor vio que el té se derramaba y ya no pudo contenerse.

– ¿Pero no se da cuenta de que está completamente llena? ¡Ya no cabe ni una
gota más!

– Al igual que esta taza, – respondió Nan-in sin perder la compostura ni
abandonar su amable sonrisa -, usted está lleno de sus opiniones. ¿Cómo
podría mostrarle lo que es el camino del Zen si primero no vacía su taza?

Airado, el profesor se levantó y con una mera inclinación de cabeza se despidió
sin decir palabra.

Mientras el Maestro recogía las piezas de porcelana y limpiaba el suelo, un
joven se acercó para ayudarle.

– Maestro, ¡cuánta suficiencia! Qué difícil debe de ser para los letrados
comprender la sencillez del Zen.

– No menos que para muchos jóvenes que llegan cargados de ambición y no se
han esforzado por cultivar las disciplinas del estudio. Al menos, los estudiosos
ya han hecho una parte del camino y tienen algo de lo que desprenderse.

– ¿Entonces, Maestro, cual es la actitud correcta?

– No juzgar, y permanecer atento.

Aquest relat ens convida a adoptar la posició de l’aprenent, aquell que està expectant davant la novetat i deixa de banda les pressuposicions que té. Si realment volem aprendre i gaudir del que un altre ens pot ensenyar hem d’aconseguir acallar el nostre diàleg intern, deixar de banda els prejudicis i fixar tota la nostra atenció en allò nou que se’ns mostra.

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