El buscador

Pensant en l’entrada volia fer aquest colorós dia de juny, he recordat quin va ser el primer conte que vaig llegir d’en Jorge Bucay. Va ser “el buscador” i per a mi va ser tota una troballa.

Aquest relat el vaig utilitzar en la cloenda del primer curs que vaig donar d’intel·ligència emocional, durant l’abril del 2008. Ja fa més de tres anys i va ser una experiència inoblidable i motivadora. Va suposar el tret de sortida cap a la meva nova vida laboral, cap a la posada en marxa del meu canvi.

Aquí us el deixo, espero que us agradi tan com a mi!!

EL BUSCADOR  (Jorge Bucay – Cuentos para pensar)

Hace dos años, cuando terminaba una charla para un grupo de parejas conté, como suelo hacer, un cuento a manera de regalo de despedida. Para mi sorpresa, esta vez, alguien del grupo pidió la palabra y se ofreció a regalarme una historia. Ese cuento que quiero tanto, lo escribo ahora en memoria de mi amigo Jay Rabon.

Esta es la historia de un hombre al que yo definiría como buscador… Un buscador  es alguien que busca, no necesariamente es alguien que encuentra. Tampoco esa alguien que, necesariamente, sabe lo qué es lo que está buscando, es simplemente para quien su vida es una búsqueda.

Un día, el buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir. El había aprendido a hacer caso riguroso a estas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo, así que dejó todo y partió.

Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos divisó, a lo lejos,  Kammir. Un poco antes de llegar al pueblo, una colina a la derecha del sendero le llamó mucho la atención. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores encantadores; la rodeaba por completo una especie de valla pequeña de madera lustrada.

…Una portezuela de bronce lo  invitaba a entrar.

De pronto, sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en ese lugar. El buscador traspaso  el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles.

Dejó que sus ojos se posaran como mariposas en cada detalle de este paraíso multicolor. Sus ojos eran los de  un buscador, y quizás por eso descubrió, sobre una de las piedras, aquella inscripción…:

Abedul Targ, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días

 Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que esa piedra no era simplemente una piedra, era una lápida. Sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en ese lugar. Mirando a su alrededor, el hombre se dio cuenta de que la piedra de al lado también tenía una inscripción. Se acercó a leerla, decía:

Yamir  Kalib, vivió 5 años, 8 meses, y 3 semanas

El buscador se sintió terriblemente conmocionado. Este hermoso lugar era un cementerio y cada piedra, una tumba. Una por una, empezó a leer las lápidas. Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto. Pero lo que lo conectó con el espanto, fue comprobar que el que más tiempo había vivido apenas sobrepasaba 11 años… Embargado por un dolor terrible se sentó y se puso a llorar.

El cuidador del cementerio, pasaba por ahí y se acercó. Lo miró llorar por un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar.

– No, ningún familiar – dijo el buscador – ¿qué  pasa con este pueblo?, ¿qué cosa tan terrible hay en esta ciudad?. ¿Por qué tantos niños muertos enterrados en este lugar?, ¿cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que lo  ha obligado a construir un cementerio de chicos?!!!

El anciano sonrió y dijo:

– Puede Ud. serenarse. No hay tal maldición. Lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré… Cuando un joven cumple quince años sus padres le regalan una libreta, como ésta que tengo aquí, colgando del cuello. Y es tradición entre nosotros que a partir de allí, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abre la libreta y anota en ella:

a la izquierda, qué fue lo disfrutado… a la derecha, cuánto tiempo duró el gozo.

Conoció a su novia, y se enamoró de ella. ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla?, ¿una semana?, ¿dos?, ¿tres semanas  y media?… Y después… la emoción del primer beso, el placer maravilloso del primer beso, ¿cuánto duró?, ¿el minuto y medio del beso?, ¿dos días?, ¿una semana?… ¿Y el embarazo o el nacimiento del primer hijo…? ¿y el casamiento de los amigos…? ¿y el viaje más deseado…? ¿y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano…? ¿Cuánto tiempo duró el disfrutar de estas situaciones?… ¿horas?, ¿días?… Así… vamos anotando en la libreta cada momento que disfrutamos… cada momento.

Cuando alguien se muere, es nuestra costumbre, abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado, para escribirlo sobre su tumba, porque Ese es, para nosotros, el único y verdadero tiempo VIVIDO.

 

Tant de bo les nostres llibretes estiguin ben plenes!!!

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5 pensaments sobre “El buscador

  1. M Carmen Dufol

    Precioso, Ojalá !
    Me ha encantado compartir contigo este curso.
    Un abrazo enorme, y gracias por todo.

    Respon
  2. Asun Oriach

    Gràcies Francesc, m’ha agradat molt. Jo també soc una buscadora. M’alegro que l’any que vé ens veiem en el màster.

    Respon
  3. Ana Parreño

    Francesc, sorpresa!!
    Aquest conte també em va conmoure fa temps i li vaig llegir (ell no podia )a una de les persones més importants per mí i el meu millor mestre de vida:el meu germá(que ja no hi és).Va ser un moment molt intens i emotiu. Gracies al Buscador i al meu germá,intento omplir la llibreta cada día…i procuro ajudar a que altres també la omplin.
    Una abraçada,buscador!

    Respon
  4. Santi Casacuberta

    Hola, ja veus q et tinc fitxat.

    El vaig sentir en un CD molt ben elavorat, vaig intuir el final pero no per això va ser menys emocionant.

    Per cert aqull día vaig sentir el rei i el savi, fantastic!!!

    Santi C.

    Respon

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